2 de octubre de 2024, miércoles.
De hecho, recuerdo perfectamente que se trataba de ese día en concreto porque estaba en la oficina, en uno de esos ratitos muertos en los que por azar del destino, decidí meterme a ver qué se cocía por Tinder (red social la cuál, había dejado ya de lado hacía algunas semanas).
"Demasiado joven" - Punto negativo
"No ha escrito nada sobre él" - Punto negativo
"Sólo ha publicado su cuenta de Instagram, seguramente lo que busca son más seguidores" - Punto negativo
"Sólo tiene una foto suya" - Punto negativo
"Ufff, canción fijada de reggeton" - Punto negativo
...
De pronto, aparece su perfil.
Joder, qué guapo es...
"About me" bastante interesante y que invita a más.
Buah, déjame ver las demás fotos...
Dios, que guapo.
¿Le doy al corazón?
No seas tonta, seguro que ni mira tu perfil y si lo hace, pasará de largo.
Bájate de la nube.
Pero, ¿no ves que está fuera de tu alcance? Él es guapísimo, está delgado y tú...
Sí querida consciencia, lo sé, soy fea y además estoy GORDA, G-O-R-D-A.
Resulta ser que la propia app te incita a ponerla de pago. Es decir, si pagas, puedes ver quién te ha dado corazón y quién no. Sin embargo, yo seguía (y sigo) en mi tónica de "no pago porque no me sale del mismísimo". Probablemente si hubiese sabido lo que iba a ocurrir después de ése "debate interno" conmigo misma, no me lo habría pensado tanto.
Vamos a jugárnosla, total, lo peor que puede pasar es que pase de mí
Y ¡PUM! Match 💜
No pasaron más de diez minutos y... ¡Zas! El susodicho ahí estaba, abriéndome mensaje privado como si tal cosa...
Vale, es decidido.
Me gusta.
Es simpático.
Me gusta.
¿Que quiere mi WhatsApp/Telegram?
Maravillosa noticia... Odio el chat de la app.
No te emociones guapa, que las fotos que has puesto en tu perfil son de cara, y sí, de cara eres "presentable" pero de cuerpo... Estás asquerosamente gorda.
Joder, es verdad.
Seguro que cuando me vea de cuerpo entero (porque sí, me pedirá una foto de cuerpo) va a verme y con la misma, saldrá corriendo.
La conversación se torna interesante.
Le encanta la fotografía, coincidimos en gustos, aficiones, Harry Potter, tatuajes, videojuegos... Parece que la cosa poco a poco va cuajando con una naturalidad pasmosa.
Como imaginaba, al poquito rato sale a las palestra el tema cuerpo entero, y es ahí cuando entro en pánico.
Él antes trata de tranquilizarme sin mucho éxito, y yo trato de explicarle que no tengo fotos de cuerpo entero salvo una de hacía apenas una semana, en un probador, en la que trataba de enseñarle un vestido a mi hermana pidiéndole opinión. No obstante, opto por mandarle un audio diciéndole que efectivamente, mido 1,70 y peso 100 kg.
Vale campeona, es la hora.
Se la mando y...
Joder, dice que le gusto.
Yo, osea... Que le gusto yo.
¿Dónde está la cámara oculta? No puede ser.
Seguramente lo más probable es que esté siendo condescendiente contigo, por eso no te dice lo que realmente piensa de tí. Verás que pronto deja de hablarte y de interesarse.
Pero no lo hace...
Sigue hablándome.
Sigue diciéndome que soy preciosa.
Sigue mandándome fotos suyas.
Sigue interesado en quedar en persona.
Sigue ofreciéndome una cita.
Sigue hablando conmigo mañana, tarde y noche.
Y... Poco a poco y sin darme apenas cuenta, acabo enamorándome de él.
Fijamos una fecha, y quedamos para vernos de una vez en persona.
Recuerdo que teníamos tantas ansias por conocernos que el día anterior (día que había quedado con mi mejor amigo), le hago saber que estaré "cerca" de él.
No lo duda, y me manda la ubicación exacta de su trabajo.
Me lo tomo como una invitación y así se lo hago saber. Él al principio dice que no, porque está "con ropa del trabajo" y luego me dice que "haga lo que me nazca".
También le advierto que iría a verle con mi mejor amigo y que habría que mantener las formas pero, le da igual.
Quiere que me sienta cómoda y segura.
Mi mejor amigo accede, y a mí me comen los nervios.
Y ahora... ¿Qué me pongo? ¿Qué hago? ¿Me maqueo o voy natural como la vida misma?
Al final me decido por la simple y llana naturalidad.
No pienso disfrazarme.
Seré como yo soy.
Vestiré como normalmente lo hago.
Sin máscaras, sin trampas.
Verás niñata, verás... Va a salir corriendo.
O quizás sea un gilipollas que lo único que quiere es aprovecharse y reírse de ti. Pasar un buen rato, servirle de entretenimiento y cuando sacie su necesidad de atención, te desechará. Y cuando éso suceda te diré lo que te digo siempre cuando te rompen por dentro, sí, ésa frasesita que tan bien conoces:
"Te lo dije"
La tarde avanza con un revoltijo de sensaciones en mi estómago. Intento ocupar mi mente con J hasta que llega la hora del encuentro sin éxito porque todos y cada uno de mis pensamientos tienen su nombre grabado, como si de un tatuaje imborrable se tratara. Pero me es prácticamente imposible mantener a raya mis nervios y ansiedad.
La tarde termina truncada y con enfado incluido con J, mi mejor amigo.
¿Motivo? Supongo que el de ser realista y decirme a la cara lo que yo ya pensaba. En pocas palabras, que él era muy guapo como para que se fijase en mi y que efectivamente, estoy/estaba más gorda que hace unos cuantos años.
Termino diciéndole a él que no, que es mejor que no nos veamos. Que he tenido un mosqueo bastante importante con J y que me siento como una mierda.
¿Qué hace él? Tranquilizarme, comprenderme y darme el impulso que necesitaba para sacar el coraje suficiente como para tomar la decisión de ir a buscarle a su trabajo... Sola.
¿Y encima ahora vas a ir sola? ¿Y sin decirle nada? Verás, verás la hostia que te pegas por no hacernos caso.
Precisamente por eso. Mejor ahora, que más adelante.
Eres una ridícula, das pena.
A medida que voy llegando al lugar, continúo recibiendo mensajes suyos pero, efectivamente, tal y como ha dicho anteriormente la voz de mi consciencia, no le hago saber que estoy de camino hacia su trabajo. No al menos hasta que estoy por la zona...
Justo cuando noto que mi valentía flaquea y que muy probablemente me voy a echar atrás, le mando una captura del Google Maps con mi ubicación y la distancia que nos separa (que para entonces ya es mínima).
Ahora SÍ que la has cagado guapa, ya no hay vuelta atrás. Lo sabes, ¿verdad?
Sí que lo sé. Pero espero que entiendas una cosa... Aquí las decisiones las tomo yo, no tú.
Tú tan sólo eres mi miedo, el puto miedo que tantas veces me ha frenado y tantas otras ha saboteado mis ilusiones y mis sueños. Hoy no. Hoy decido yo.
Me contesta a la captura de pantalla...
- ¿En serio? Termino de atender a un pesado y salgo.
Yo le respondo, intentando aparentar tranquilidad.
- Tranquilo, aún queda un poco.
Siete eternos minutos después ya estaba en la puerta de su trabajo, de espaldas y con unos nervios que me comían por dentro. Respiré profundamente unas cuantas veces antes de avisarle con el móvil en mano, en un intento vano por mantener a raya esa dichosa bola de nervios que yacía en mi estómago.
- Creo que ya... Advierto, estoy sudada de caminar.
Justo en ése momento, noté como alguien se asomaba por la puerta de la entrada, y no pude (ni quise) evitar la curiosidad al mirar.
Allí estaba él, mirándome al mismo tiempo que se acercaba a mí con una sonrisa, ésa sonrisa que desde ese día, grabé en mi retina para la posteridad.
Dios mío, qué guapo es por favor...
Dios, estoy sudando... ¿Le daré asco?
¡Estoy horrible!
Y ahora... ¿Qué hago? ¿Le abrazo? ¿Le beso? ¿Le doy un beso casto en la mejilla? ¿Le digo hola?
¿QUÉ COÑO HAGO?
No me dió tiempo a pensarlo detenidamente, porque él no lo dudó ni por un instante... Me abrazó, y acto seguido me besó... En la boca.
Dios, no sé cómo describir la explosión de emociones que sentí cuando mis labios se encontraron con los suyos y mi lengua se topó con la suya. Fue tan mágico, algo tan nuevo y a la vez tan familiar.
Como si hubiese estado esperando por ese beso durante años sin saberlo, como si ya nos hubiésemos besado antes... Mucho tiempo atrás.
Fue un beso muy dulce, cálido, sensual y muy familiar.
"Eres preciosa nené"
"Gracias, mil gracias por venir"
"¿Como lo hiciste? ¿De dónde sacaste las fuerzas para venir... Y tú sola?"
"Eres perfecta"
"Te amo"
Justo en ése momento, cuando oí esas dos palabritas salir de su boca, mi corazón estalló en llamas.
Y creo que el se percató de ello porque, acto seguido, como si esas dos palabras le hubiesen salido automáticamente de la cabeza, como un niño temeroso a que pudiera asustarme y salir corriendo, apoyó su frente con la mía mientras no paraba de abrazarme y me dijo...
"Perdóname, de verdad lo siento. Lo dije sin pensar"
Lo único que nunca supo, hasta hace bien poco es que no salí corriendo ésa tarde porque para ése entonces, de manera tal vez inconsciente, yo ya le amaba.
Sí, me había enamorado de él sin verle en persona.
Me había enamorado como nunca antes.
Y su presencia en mi vida se había convertido en una droga para mí. Una droga de la que jamás quiero desengancharme.
Por eso tuve el valor, la fuerza suficiente de enfrentar mis miedos ésa tarde y arriesgarme en una apuesta que yo, ya creía perdida justo antes de arriesgarlo todo.
Pude hacerlo por tí.
Tú me diste el valor, la fuerza y la determinación que necesitaba para verte ése día.
Te amo, infinito.
Por y para siempre mi amor.
Gracias, por todo lo que me has dado en éstos seis meses.
Por recordarme día a día lo mucho que valgo.
Por quererme.
Por estar a mí lado en los buenos y en los malos momentos.
Siempre tuya;
Luna, la orgullosa señora de Barreda.

Comentarios
Publicar un comentario