Siempre nos han inculcado desde pequeños que callar es sinónimo de sabiduría, de prudencia, de paz. Nos han dicho que quien guarda silencio es quien "evita el conflicto" . Que es mejor tragar la rabia, la tristeza, el enfado... Antes que incomodar al otro. Y muchas veces, sin cuestionarlo, nos convertimos en anfitriones de nuestras propias tormentas. Callarse no es evitar un conflicto, es invitarlo a quedarse en casa, ponerle pantuflas y servirle el café. Es abrirle la puerta al malestar y decirle: "Quédate, acomódate" Porque lo que no se dice, no se disuelve. Se acumula. Y lo acumulado no se transforma en paz, más bien todo lo contrario. Se convierte en carga, en peso, en un gran nudo en la garganta, en insomnio, en lágrimas que aparecen cuando menos las esperas. En respuestas secas, en distancias innecesarias, en explosiones que nadie entiende porque son desconocedores de cuánto tiempo llevas almacenando lo que te duele. Tragar lo que molesta no es lo mismo que re...
"La vida es jodidamente bella, sólo que nosotros nos encargamos de complicar las cosas". 𝕷𝖚𝖓𝖆 𝕹𝖔𝖝 𝕱𝖑𝖊𝖚𝖗𝖊𝖙