Estamos tan acostumbrados a creer que no merecemos ciertas muestras de amor o respeto, que cuando alguien finalmente nos trata como realmente merecemos, no solo nos parece irreal… Sino que no sabemos cómo recibirlo. Nos desconcierta la ternura, nos desarma la bondad. Nos encontramos mirando con sospecha lo que debería hacernos sentir en paz. Hemos aprendido a sobrevivir con afecto a medias, con gestos fríos, con relaciones donde el amor era condición, no certeza. Entonces, cuando alguien llega sin dobleces, sin juegos, sin estrategias, cuando alguien ofrece su presencia sin exigir nada a cambio, sentimos que debe haber un truco escondido. Dudamos. Nos protegemos. Y a veces incluso lo rechazamos, no porque no lo queramos, sino porque no sabemos cómo confiar en algo tan puro. En lugar de abrazar el cariño, lo cuestionamos. Nos preguntamos qué quiere, qué busca, qué se esconde detrás de tanta calidez. Como si algo tan puro no pudiera ser para nosotros. Como si la ternura solo existiera ...
"La vida es jodidamente bella, sólo que nosotros nos encargamos de complicar las cosas". 𝕷𝖚𝖓𝖆 𝕹𝖔𝖝 𝕱𝖑𝖊𝖚𝖗𝖊𝖙