No voy a ser hipócrita, y tampoco voy a tratar de engañar a nadie o a mi misma en ésta entrada. Así que, seré totalmente sincera y honesta; 2024 empezó muy mal, fatal para mí.
Fue un inicio de año que, si tuviera que denominarlo en una sola palabra, ésta sería sin dudarlo "aprendizaje" .
Un aprendizaje largo, tedioso y muy duro que no me quedó más cojones que enfrentar en uno de los momentos más bajos de mi vida en el que sentía que la vida se me escapaba por momentos.
Mirándolo ahora desde otro prisma, creo que el batacazo que sufrí fue lo peor, y al mismo tiempo, lo mejor que me pudo ocurrir. ¿Porqué? Muy simple... Gracias a él, pude darme el valor que merecía y aprendí a decir dos palabras bien bonitas que había suprimido de mi vocabulario: "No" y "Basta".
Aprendí a tener un poquito de amor propio, a alejar todo aquello que no me aportaba nada positivo (incluyendo personas), y a estar sola frente al mundo. Algo que, irónicamente y teniendo en cuenta que en mis peores momentos siempre estuve sola, me daba un pavor increíble.
Pero también es verdad que me cerré en canal, y dejé de confiar en nadie...
Cualquier contacto físico me asqueaba, todo me daba lo mismo, y dejé de ser ésa personita agradable y empática que siempre fui, para pasar a convertirme en alguien frío y distante..
Y fue justo ahí en ése momento, cuando toqué fondo con todo mi ser.
Cuando lo hice, me di cuenta de que sólo me quedaban dos opciones; O me quedaba donde estaba y seguía hundiéndome, o nadaba hacía la superficie en busca de un poco de luz entre tanta oscuridad.
No me considero alguien derrotista (más bien, es todo lo contrario), así que opte por la segunda opción.
Y en ése momento comenzó mi particular aprendizaje.
Un viaje que a día de hoy continúo, pero no sola.
Ya no.

Comentarios
Publicar un comentario