Ya no recordaba la sensación de hacer cosas tan tontas y banales como maquillarme/perfumarme a diario, exfoliarme la piel, echarme mis cremas, mi mousse, mis cosas... En definitiva, mis "potingues".
También había olvidado la sensación de satisfacción personal que te da el hecho de comenzar algo, y llevarlo a buen término.
Ése pequeño "subidón" que te aporta salir día a día a la calle, quedar con tus amigos, ir a un buen concierto de música y gritar a pleno pulmón cada estribillo mientras la persona que te hace vibrar hace lo mismo al mismo tiempo que te rodea el cuello con su brazo, hacer ejercicio, caminar, respirar, hacer fotografías, escuchar música mientras no piensas en absolutamente nada y sólo te dejas llevar y te fundes junto al entorno que te rodea...
Disfrutar leyendo un buen libro mientras te tomas tu té favorito en la terraza de casa, pintando un dibujo, o escribiendo con el portátil reposando sobre tus muslos con ésa canción que tanto te gusta de fondo porque de alguna manera te "ayuda" a mantenerte concentrado...
En mi caso, esas pequeñas cosas eran las que echaba de menos... La paz, la tranquilidad, la banalidad de estar desconectada para (casi) todo el mundo, la capacidad de tener ése tiempo para mí, para mis cosas, escapar por un lapso de tiempo indeterminado, dedicarme por entero a mi misma porque en definitiva, yo soy la persona más importante que voy a conocer en toda mi puta vida y hasta hace bien poco, no me había dado cuenta de ello, ni de la suerte que tengo de contar con esas personas maravillosas que me rodean a diario. Esas que están a mí lado de forma incondicional incluso habiéndoles entregado en alguna ocasión, mi peor versión.
Un oda a mí porque, joder...
Me lo merezco.
¡Que guapa y qué bien me siento!
(Fotografía: 𝕷𝖚𝖓𝖆 𝕹𝖔𝖝 𝕱𝖑𝖊𝖚𝖗𝖊𝖙)

Comentarios
Publicar un comentario