Es curioso, pero aquél 26 de enero (día en el que escribí la tan "polémica" entrada/correo titulada "Mis reflexiones a tus reflexiones") no sólo me trajo consigo la tan ansiada paz interior que tanto buscaba si no que sin saberlo, supuso para mí un punto y final a una larga etapa que directa o indirectamente, ha durado la friolera de casi veinte años... ¡Veinte! Dios santo, ¿cuándo me he hecho tan mayor?
En ésa entrada y para mi sorpresa (y supongo que para la de todos), hubo cero veneno hacía las partes implicadas (él y yo) y por el contrario, hubo mucha verdad, autenticidad y liberación en cada una de mis palabras. Sin quererlo o esperarlo, él me dio la llave hacía la redención con la entrada que escribió para mí en su blog, y yo por mi parte me levanté del fango, escribí la mía y sin mirar atrás, crucé la puerta y he ido quemando etapas.
Después de ésa noche en la que me dejé los cuernos escribiéndole (me), mi alma comenzó a sanar... Dejé de llorar, dejé de lamentarme, de culpabilizarme por todas mis cagadas (que las hubo) y mi verdadera esencia comenzó a salir a flote nuevamente. Esa esencia que durante casi tres meses, dediqué en cuerpo y alma a tratar de "salvarle" de algo de lo que yo, no era ni mucho menos la responsable.
Cuando me quise dar cuenta y abrí los ojos en medio de tanto caos, me encontré a mi misma en un ring ajeno, intentando competir contra todos sus miedos, sus traumas y sus problemas... Y no, yo no puedo competir contra los traumas de nadie porque irremediablemente esa "pelea" tiene que darla él por su lado, y nadie más.
Yo no tengo que salvar a nadie. Soy humana y como tal, también tengo mis propias heridas, aunque no lo parezca, o no lo sepa reconocer abiertamente. Sí, me ha costado un mundo comprender algo tan sencillo como ésto: "No tengo que salvar a nadie de sí mismo".
Sin pretenderlo, ni darme cuenta de ello, intenté repetir un patrón que mi propia madre realizó con mi padre. Trató de salvarle incansablemente en cientos de ocasiones, pasando incluso por encima de sí misma y cuando ella le necesitó... ¿Qué obtuvo por su parte? Nada.
Por otra parte, tampoco se puede depender de nadie externo para vencer a tus propios demonios... Si hay algo malo en ti, lucha y sánalo. Ponle freno.
No intentes acallar las voces de tu cabeza con la presencia y atenciones constantes en tu vida de alguien más que seguramente, también tiene sus propios fantasmas y necesita de ésa energía que está destinando en tus demonios, para enfrentar los suyos propios.
Si realmente quieres (o has querido) a la otra persona, o por lo menos le tienes un mínimo de afecto, tienes que ser consciente de ello.
Poner una "tirita" no es la solución, la solución pasa por ti y por tu cabeza.
Hoy por hoy, viéndolo todo desde otra perspectiva después de diecinueve duros días, soy consciente de que no sólo he logrado perdonarme a mi misma con todo éste proceso de curación, si no también a él, con todos sus aciertos y sus errores. Nunca le he deseado el mal a lo largo de éstos casi veinte años y no voy a empezar ahora. Deseo que le vaya bien de corazón, que se recupere, que siga hacía adelante y que pueda llegar a ser feliz algún día... Pero eso sí, lejos de mí.
Por mi parte, ésta "guerra" se acabó y nadie ganó, perdimos los dos.
¿Por la suya? Ni lo sé, ni me importa ya, ¿para qué nos vamos a engañar?.
De igual forma, e independientemente de que en éste momento mis impresiones referente a él han cambiado radicalmente, voy a seguir preservando cada uno de los buenos recuerdos que tenemos en común en mi álbum de fotos particular, y lo voy a seguir contemplando con todo el cariño y la serenidad del mundo. Formó parte de mi vida, y éso es innegable. Pero también es cierto que me hacía más mal que bien su presencia y hay veces en las que hay que saber poner un alto. Puedes querer, puedes amar a la otra persona con toda tu alma, pero si no os hacéis bien, hay que pasar página aunque duela.
Sin resentimientos, sin dolores, y sin rencores de ningún tipo.
Te perdono.
Por encima de todo el dolor que me causaste.
En nombre del amor que te tuve, y que te entregué.
Pido a mi corazón, que no te odie, y que esté en paz.
Te perdono, porque todavía te quiero,
y no te deseo nada malo.
Por el contrario, deseo que sigas tu camino, en paz, pero lejos de mí.
En nombre de todo el amor que me nació por ti,
te perdono.
Y deseo que te vayas de mi vida, sin odios, sin dolores, ni rencores.
Y que con la misma dulzura y el mismo cariño con el que llegaste un día a mi vida,
te vayas.
"Yo SÍ que te puse el mundo a tus pies y no lo supiste ver."
P.D.: Pensándolo fríamente, el propósito principal de éste blog ha dejado de cobrar sentido alguno. Lo creé en su momento desde la desesperanza, la rabia y el miedo como único fin para desahogar mis verdaderos pensamientos y sentimientos. Un lugar para destilar veneno sin miedo a sentirme juzgada o observada por ello.
En mi ser, ya no queda ni una pizca de todo eso. Me he deshecho de toda esa carga que tanto pesaba.
Por otra parte, la "llave" de éste espacio la tienen dos personas. Una de mi entera confianza, que se ha dejado los cuernos por ayudarme a volver a volar y que no me importa en absoluto que me lea. Y la otra, la tiene él (y creo que a éstas alturas sobra decir, que mi confianza en él, ya se ha perdido). Por desgracia, me consta que la sigue usando a su antojo como método para o bien mantenerme vigilada o para calmar sus ansias de saber. Y eso no es bueno ni para él, ni para mí así que nos haré un último favor a ambos.
Visto lo visto, personalmente no quiero que siga teniendo acceso a mis sentimientos ni mucho menos, a mis pensamientos. Motivo por el cuál éste blog será eliminado o exportado (ya veré qué decisión tomo finalmente) con otro dominio y usuario distintos a los que él no tenga acceso.
Aunque éste blog ya no lo vaya a usar (es lo más probable), no me gustaría perder todo lo que aquí he compartido. Después de todo, éste sigue siendo como mi diario personal. Y en él hay ciertas partes de una vida, la mía, que no quisiera perder.
Así que nada, dos últimas cancioncitas y;
¡Adéu, agur, sayonara, goodbye, au revoir!
Luna.

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