Bendito tiempo, que avanza de manera inexorable.
Benditas experiencias, que ayudan a forjar nuestros carácteres de la manera más sabia que existe.
Benditas decepciones, porque gracias a ellas vamos aprendiendo poco a poco de la vida.
Benditas buenas compañías... ¿Qué sería de mi sin ellas?
Benditas casualidades, que nos sorprenden con el absurdo plan del azar.
Benditas lágrimas, que limpian y purgan nuestras almas atormentadas.
Benditas sonrisas, que aumentan las endorfinas liberadas en nuestro cerebro.
Benditos ángeles de la guarda, que nos cuidan e iluminan desde arriba.
Bendito amor, el de verdad, de corazón, no el que nos intentan inculcar desde pequeños...
¡Bendita vida!

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