Cuándo hablamos de fotografías, todos sabemos exactamente a lo que nos referimos ¿verdad? De hecho, si le preguntamos a "San Google", éste nos contesta de forma muy técnica lo siguiente:
"Procedimiento o técnica que permite obtener imágenes fijas de la realidad mediante la acción de la luz sobre una superficie sensible o sobre un sensor".
De lo que no nos advierte "San Google" es de otro tipo de fotografías... Esas que de forma inconsciente y a diario, toman nuestros ojos mientras que nuestro cerebro actúa de carrete (o película) y que sin querer, guardamos en el álbum de nuestra alma.
Éstas fotografías no se pueden romper, ni quemar, tampoco se pueden ignorar, ni publicar en redes sociales. Soportan intactas el paso del tiempo y son las mejores fotos que se pueden tomar nunca porque nos muestra la realidad de lo que un día fue, sin retoques ni filtros de ningún tipo.
Además, nos muestran la belleza de distintos lugares, o incluso son capaces de traer a nuestra mente (casi que de manera automática, como si lo estuviésemos reviviendo) momentos, sensaciones, olores y sabores.
Por si todo ésto fuera poco, ése maldito "carrete" es capaz además de traernos a la mente a personas que, por diferentes motivos, ya no están presentes en nuestras vidas; Un fallecimiento, un malentendido, una despedida, una discusión... Y es en ése preciso instante en el que el corazón entra en juego.
Cuando se trata de una ser querido fallecido, llega un momento (después del pertinente duelo) en el que lo recuerdas, e instintivamente sonríes. ¿Hay dolor? Sí. Pero a la misma vez, también hay mucho amor, mucho cariño y un inmenso respeto. Ya no lloras todas las veces que contemplas las páginas de ese "álbum" en las que sale ésa persona. Aprendes a salir adelante, te acostumbras a vivir sin su presencia. Esto es triste, pero créeme, es así. Sabes que no va a volver, que quizás os volváis a encontrar pero no aquí, no en éste mundo y terminas asimilándolo. Porque nos han enseñado que con la muerte, todo lo demás se termina.
Si en cambio, hacemos referencia a aquéllas personas que también se han ido de nuestras vidas, pero de una manera totalmente distinta (siguen vivos, pero no para nosotros), el duelo que debemos afrontar por ésas fotos es un tanto diferente porque debido a la añoranza de un "posible reencuentro a futuro", todo es más difícil de superar. Y ésas fotografías acaban siendo un arma de doble filo porque por un lado calman (que no sacian) tu sed, y por otro, te dañan y destruyen el alma.
Por esto mismo es tan importante no abusar de ésas imágenes, aunque es inevitable querer rememorarlas todo el tiempo (sobre todo al principio, cuando todo está reciente). Sentarte a hablar contigo mismo, dejar las culpas y el rencor a un lado, y más que analizar a la otra parte o caer en las garras del camino "fácil" (echar balones fuera como mecanismo de defensa), autoanalizarte; Básicamente, hacer una honesta autocrítica para poder avanzar, seguir adelante y aprender de ello.
¿Qué hice mal?
¿Qué aspectos de mi persona puedo limar o perfeccionar para no volver a caer en el error/errores a futuro?
¿Estoy tranquilo con mi forma de proceder, o por el contrario, siento que podría haber hecho las cosas mejor?
No te martilices, todos cometemos errores.
Nadie es perfecto.
Cuando menos te des cuenta, volverás a abrir ése "temido" álbum de fotos por la página dónde lo dejaste y poco a poco, ése dolor se convertirá en tranquilidad, serenidad y puede que hasta las mires con cierto cariño, aunque ya el amor que sentías por la persona en cuestión, haya muerto.
Comentarios
Publicar un comentario