Hay días en los que, la vida parece que te sonríe por sí sola.
Y días en los que tú tienes que sonreírle a la vida o de lo contrario, ésta te absorbe como si de un remolino se tratara.
¿Adivinad el día que me ha tocado hoy? Efectivamente, hoy ha tocado sonreírle a la vida.
Juro por lo más sagrado que hoy intenté levantarme con buen pie, ser positiva, ver las cosas desde otro prisma y demás chorradas varias que dicen que funcionan... ¿Pero sabéis qué? Cuando alguien, de un sólo plumazo te borra la sonrisa, te humilla y te quita las ganas de seguir luchando, lo único que te quedan ganas es de borrarte del mapa, dejar de existir, y despojarte de cualquier clavo ardiendo para que el remolino acabe por absorber lo poco que queda de ti y de tu alma.
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